Tanta belleza en el mundo, tanta que no se puede soportar. La única posibilidad de fundirse con ella es la muerte. ¿Es que nada más nos queda de este mundo que vivir sorteando situaciones penosas? ¿Tan miserable es nuestra existencia, que nuestro único consuelo son la pequeñas migajas de dicha que nos ofrece la vida? ¿Es ese mezquino regalo, tan dulce y tan efímero, la razón por la cual nos aferramos a la vida con tanta vehemencia?. No tengo respuesta alguna para estas inquietudes... el mundo se nos aparece como un lugar hostil, desde el inicio de los tiempos el hombre ha buscado su propia destrucción. La muerte nos amenaza por doquier. Quizás es el dulce llamado de la dicha... o tal vez unos pocos aprovecharon esa idea para hacer de nuestro mundo un infierno y construir sobre nuestra miseria su paraíso.