lunes, 30 de diciembre de 2013
Michel Foucault por sí mismo
Documental que ofrece un panorama de algunos de los temas principales sobre los que reflexionó Michel Foucault a lo largo de su vida
Link:
http://www.youtube.com/watch?v=_wEsYlr5DQM
Jacques Lacan: Reinventar el psicoanálisis.
Título original: Jacques Lacan. La psychanalyse réinventée.
Sinopsis: Documental sobre el psicoanálisis basado en testimonios de diferentes psicoanalistas y conferencias de Lacan. Lacan retoma la teoría psicoanalítica de Freud para desarrollarla incorporando elementos del estructuralismo, la lingüística (Ferdinand de Saussure, Roman Jakobson), de la filosofía (Kojève, Sartre), de la fenomenología (Husserl), de corrientes existencialistas diversas a las sartreanas (Martin Heidegger, Karl Jaspers, Maurice Merleau-Ponty), de la antropología (Lévi-Strauss) así como elementos de las matemáticas, por ejemplo la topología combinatoria (banda de Moebius y el toro), la teoría de los nudos, la geometría, la teoría de juegos y la teoría de números.
Link
domingo, 29 de diciembre de 2013
sábado, 1 de junio de 2013
Sobre la razón.
La razón está sobrevalorada.
Es considerada guía primordial sobre lo que juzgamos como bueno y malo. Enaltecida por filósofos y científicos como la única manera de llegar a La Verdad, pues ella es el fundamento de cualquier método y de cualquier actuar efectivo en el mundo. Madre de la cultura occidental, adorada desde los albores de nuestra civilización. Con su lógica es capaz de predecir eventos futuros, controlar eventos presentes y explicar eventos pasados. Le debemos a ella gran parte de lo que somos pues es constitutiva de nuestra identidad como raza humana.
Pero la razón es una gran farsa. Detrás del discurso que hace resplandecer su omnipotencia, solo está el fracaso de la pretensión que alguna vez tuvo el ser humano de ser igual a su máxima aspiración, ser Dios. Dios que ha sido creado a imagen y semejanza del deseo del infante humano que todo lo ve, todo lo controla, y todo lo puede. Deseo que fue frustrado desde el comienzo de los días pero que perdura como la mala hierba que crece en el campo.
La grandeza de la razón solo es equiparable a las dimensiones de su fracaso, a su intención de reinar y su triste realidad de mendiga. Mendiga de reconocimiento, mendiga de un hogar, mendiga de un reino, mendiga de un imperio, del imperio de la razón.
La razón que fantasea con que todo lo puede es impotente frente al afecto. Nada de los asuntos más importante en la vida se resuelve por vías de la razón sin la venia de este último. Y muchas veces los intereses del afecto han sido disfrazados como intereses de la razón.
El Eros y el Thánatos extienden sus influencias sobre nuestras vidas sin que siquiera lo sepamos, orientando nuestro actuar, modelando nuestro pensar.
Pero he ahí la dignidad de la maltrecha razón. La dignidad de un instrumento, la dignidad de un medio, más no de un fin. Dignidad que se basa en la posibilidad de dar cuenta del Eros y el Thánatos, de develar sus motivos para así encontrar una salida a sus exigencias. La razón es siempre intermediario, nunca juez.
Y ésta es la dignidad que le ha sido arrebatada a la razón, tal cual como al auto-proclamado héroe que profesaba cualidades sobresalientes y que en su actuar sucumbió bajo el peso de sus propias palabras.
Considerar a la razón como un medio da cuenta de su incalculable valor para la cultura y la humanidad, pero idealizarla como fin último, solo sirve para ahogarnos en un mundo de fantasías.
Hay verdad en la razón, pero también la hay en lo irracional, en el mundo de los afectos, en esa racionalidad otra. Empezar a atender a estos últimos nos dará una visión más completa de nuestro vivenciar, y nos hará conscientes de su inmenso valor e influencia dentro de nuestra vida. Quizás cuando aprendamos a escuchar a esa racionalidad otra, comencemos a tomar las decisiones correctas por los motivos correctos.
lunes, 8 de abril de 2013
Sin respuestas
Tanta belleza en el mundo, tanta que no se puede soportar. La única posibilidad de fundirse con ella es la muerte. ¿Es que nada más nos queda de este mundo que vivir sorteando situaciones penosas? ¿Tan miserable es nuestra existencia, que nuestro único consuelo son la pequeñas migajas de dicha que nos ofrece la vida? ¿Es ese mezquino regalo, tan dulce y tan efímero, la razón por la cual nos aferramos a la vida con tanta vehemencia?. No tengo respuesta alguna para estas inquietudes... el mundo se nos aparece como un lugar hostil, desde el inicio de los tiempos el hombre ha buscado su propia destrucción. La muerte nos amenaza por doquier. Quizás es el dulce llamado de la dicha... o tal vez unos pocos aprovecharon esa idea para hacer de nuestro mundo un infierno y construir sobre nuestra miseria su paraíso.
jueves, 21 de marzo de 2013
El saludo.
Caminando por la calle, sumergido en las más profundas y también en las más
superficiales divagaciones que a uno se le pueden ocurrir mientras realiza el
ejercicio de desplazarse, me doy cuenta de que alguien frente a mí me
observa atentamente. Tenía una mirada amable y sus labios esbozaban una sonrisa
sutil. La parada de buses estaba repleta de gente, como es usual los lunes a esa hora de la
mañana, sin embargo, la figura de aquella joven resaltaba entre la multitud. Su delgada silueta era disimulada por
un amplio vestido, su cabello oscuro brillaba iluminado por la luz del sol.
Sostenía en sus brazos un par de libros y de su hombro colgaba un pequeño bolso
marrón.
Seguí caminando, ya sin poder volver a mis meditaciones
matutinas. Un extraño magnetismo rodeaba a aquella joven del cual no quería
escapar. Me sentía afortunado.
Cuando llegué a su lado, ella, con una voz suave, tierna y
segura levantó su mano derecha y dijo: -Hola, ¿cómo estás?-. Respondí el gesto casi por instinto, estrechamos nuestras manos y contesté: -Bien, ¿y tú?-. Sus manos eran suaves, sus dedos largos y delgados. Sus ojos
estaban clavados en los míos y los míos en los suyos. Su mirada era cálida, su
sonrisa, ahora evidente, iluminaba todo su rostro.
-Que bueno, espero que tengas un buen día- me dijo. Se
acercó a mí, me rodeó con sus brazos, me apretó contra su cuerpo, besó mi
mejilla y se marchó.
Al día siguiente la volví a encontrar en el mismo lugar. Al verla, mi
corazón comenzó a palpitar con fuerza y mis manos empezaron a sudar. Esta vez no
hubo un estrechón de manos, sino que un saludo afectuoso y casi familiar. Sus
brazos nuevamente me rodearon, sentí su cuerpo junto al mío y sus labios rosando
mi mejilla. Preguntó cómo estaba, escuchó mi respuesta, me deseó un buen día y
casi de inmediato se dirigió hacia el primer bus que se detuvo frente a nosotros. Caminó unos pasos junto a un mar de gente que se apresuraban para alcanzar las transparentes puertas del vehículo, por las cuales se podía ver a los apretujados pasajeros que iban en su interior. Al poner un pie en la pisadera, la joven volteó su rostro hacia mí, sonrió nuevamente, se despidió con un gesto de su mano y desapareció entre los desesperados usuarios del transporte público que ya veían partir al bus.
Así pasaron los días. Todas las mañanas a la misma hora y en el mismo paradero, mi día comenzaba con el saludo de aquella desconocida. Su saludo desinteresado y honesto había
convertido esos momentos en uno de los más agradables de cada día. A veces compartíamos las anécdotas que nos acontecían durante el transcurso de nuestras vidas. Las había alegres, como la vez en que le comenté que habían aprobado un proyecto que estaba a mi cargo. Había otras que no lo eran tanto, como la vez que le conté que me había peleado con mi mejor amigo por una estupidez. Jamás pude contarle detalle alguno de mis vivencias, puesto que casi por arte de magia, el bus que ella solía tomar llegaba en cosa de minutos después de habernos encontrado y siempre se detenía a unos pasos de donde nos encontrábamos. No importaba cuanta gente hubiera en el paradero, ella, con su caminar ligero, encontraba los espacios necesarios para alcanzar las puertas del transporte, como si conociera misteriosos caminos que eran invisibles para el resto de las personas. Nunca perdió el bus... una verdadera lástima.
Un día al llegar al paradero, no la encontré. Me pregunté que le podía haber
pasado, ¿estará enferma?, ¿se habrá retrasado?. Esperé unos minutos más de lo
habitual para ver si llegaba, pero ese día tenía agendada una reunión a la cual no podía faltar.
Resignado, tomé el siguiente bus pensando en que pudo haber sucedido.
Al día siguiente tampoco apareció. Una sensación de tristeza
inundó mi corazón. No conocía su nombre,
donde trabajaba o donde vivía. No sabía nada de su familia, ni que música
le gustaba o si tenía una mascota. Nunca estuvimos juntos más allá del tiempo
que les toma a las personas preguntar
por cómo se encuentra su interlocutor. Sin embargo, su ausencia provocó en mí
un gran pesar.
Nunca más la volví a ver. Su imagen es ahora sólo un recuerdo difuso, más nunca he olvidado cómo me sentía al estar junto a ella.
Nunca más la volví a ver. Su imagen es ahora sólo un recuerdo difuso, más nunca he olvidado cómo me sentía al estar junto a ella.
miércoles, 16 de enero de 2013
En un futuro cercano...
-Papá, ¿qué es el amor?
- Es una pastilla que venden en la farmacia.
- Es una pastilla que venden en la farmacia.
Nuestra sociedad, nuestra vida.
Nuestra sociedad: el egoísmo enraizado, los intereses particulares son más importantes que los de los demás, el triunfo del bienestar personal sobre el bien común, donde la razón no tiene mucho que decir, y la justicia es un triste ideal. Donde todos vemos y no queremos mirar, donde nos sentamos en nuestros hogares y aceptamos de mala gana lo que nos dicen sobre cómo vivir, donde no somos felices, todos lo sabemos, pero nos conformamos con vivir así, vivir para comprar, vivir para endeudarse, vivir sin vivir, intentando sobrevivir. Nuestras almas cansadas no quieren saber de lucha, pues no soportarían más tensión, más presión, más angustia. Preferimos vivir cabeza gacha, no reclamar, porque podríamos perder nuestro trabajo, nuestro precario trabajo. Vivir sin vivir, vivir sin sonreír, esperando que algo ocurra y cambie nuestra suerte, que alguna vez llegue hasta nuestro hogar el tan ansiado desarrollo, que solo disfrutan unos pocos, y por el que todos nos sacrificamos. Vivir sin vivir, vivir para competir, porque los recursos son escasos, porque el que no se esfuerza no llegará lejos, porque no nacimos todos iguales y porque algunos nos hacen creer que así debe ser. Vivir sin vivir, vivir para sobrevivir, es lo único que nos queda, porque mi grito no se escucha, porque quizás no me he esforzado lo suficiente, porque he elegido no cagarme a alguien para tener éxito, porque tengo esperanza de que alguien haga algo, porque ya no tengo fuerzas, porque tengo que vivir para sobrevivir.
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